¿Qué es un hijo? ¿Qué es ser madre?Contestar estas preguntas es tan difícil, porque montones de palabras revolotean de un lado a otro y siempre queda algo sin decir. Pero hay una, solo una, que responde a ambas y deja que el corazón hable, y es “el amor”. Ese amor incondicional que todo lo puede, que todo lo da, que no exige, y no discrimina.
El amor se ve en esas manitos chiquititas y sucias, sin reparo en el momento de una caricia, en esas boquitas encastradas de chocolate siempre dispuestas a dar un beso certero. En la mirada pícara, compradora, después de una travesura oculta en busca de una nueva concesión.
Son esos brazos que se cuelgan del cuello, sin medir su fuerza y expresándose sin límites. El amor se ve en esas lágrimas compartidas sin reparos y con narices sucias y sin pañuelos. O en las carcajadas francas, llenas de vida y más que efusivas.
El amor está en el corazón de una madre, como en el corazón de un hijo. Vuela de aquí para allá, sin permiso y con toda su furia.
Un hijo, es el que nos despierta la vida, en un mundo de sensaciones y sentimientos nuevos, que son solo explorados cada día, en cada nueva experiencia. Ser madre es esa sensación extraña, que no se había sentido nunca hasta ese momento y que solo se repite con otro hijo, con nadie más.
Ser madre es solo dar sin esperar un vuelto, es la entrega sin condicionamientos, es la felicidad sin medidas, es estar embriagada de tanto sentimiento.
Ser madre, ser hijo, es esa simbiosis natural, total y absoluta, solo amor…

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