Dicen que las casualidades no existen, pero suelen ser increíbles cuando se da. En todas las revistas en las que he publicado solo aparece en nombre de Only Stories, nunca mi nombre.Fue así, que una mañana mientras trabajaba en mi computadora, recibí una llamada. Era una mamá que como tantas otras me pedía que la ayudara con la historia de su nena que cumplía 15 años. Como ocurría habitualmente, una vez que le había explicado como era mi trabajo, comenzaba a darme detalles de su vida. Pero esta vez desde el inicio, me impactó.
En realidad no era la mamá, era la abuela. Era una abuela muy joven, la que había pasado por una situación extremadamente complicada con su hija y tuvo que hacerse cargo de sus dos nietitos. La historia era muy dura y muy cruel. Y en la medida que iba hablando, se parecía muchísimo a una historia de una persona conocida por mí desde hacía algunos años, cuya hija o nieta había sido mi alumna, durante mis años de docente.
Busqué la manera de frenar la conversación al darme cuenta que esta mujer me estaba revelando cada vez detalles mas íntimos, sin saber con quien estaba hablando. Confirmé su nombre y el de la nena. Ya no me quedaban dudas. Eran las mismas personas. Con la mayor cautela posible, le pregunté si ella se había dado cuenta quien estaba del otro lado del teléfono. Su respuesta inmediata fue: “no”.
Casi con temor me presenté, y ante mi sorpresa se emocionó. Lo primero que dijo fue: -Mónica, no lo puedo creer, estaba por llamarte porque estás en la lista de invitados. Sos una de las personas queridas por mi chiquita, quien nos ayudó durante este duro transe. Y queríamos que compartieras este gran momento con nosotros.-
Respiré aliviada. Sin embargo pese a sus palabras, insistí en que no era necesario que hiciera el trabajo conmigo. No había ningún compromiso y yo podía entenderla, ya que de hacerlo debía contarme demasiadas intimidades. No solo no le importó en lo absoluto seguir nuestra charla, sino que se alegró de ser a mí a quien tuviera que comentar tantos detalles.
Fue una historia conmovedora, llena de sutilezas. Busqué la manera, a través de sus palabras de expresarle a la nena todo lo que su abuela sentía, minimizando los momentos duros y recalcando todo su afecto.
La fiesta fue hermosa. Estaban presentes madre, hija y nieta. Su hija había podido compartir ese gran momento con ellas y las tres estaban felices. Ver sus emociones en vivo y en directo al escuchar el relato, fue algo maravilloso e imborrable. Las tres juntas quedaron grabadas en mi memoria.
El amor de madre supera cualquier avatar…
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